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Escribir historias de terror

Una de las decisiones más importantes y sobre todo: difíciles, es la elección del título de nuestro libro. Nos enfrentamos al desafío de elegir un nombre impactante que despierte la curiosidad del futuro lector, uno que integre además, la esencia de nuestra obra.

Escribiendo historias de terror.

Constantemente me enfrento a nuevos autores que deciden elegir las historias de terror como fuente primaria de su escritura, preguntándose con bastante fuerza si están tomando la decisión correcta. Pareciese que este está en una escala inferior al resto de los géneros.

La literatura en las últimas décadas ha sido permeada con gran fuerza por el cine occidental moderno, donde las obras mal trabajadas han generado un impacto tremendamente mayor al de los estupendos trabajos artísticos logrados: se confunden las películas juveniles fantásticas, de no muy buena acogida, con la magia de la literatura de las penumbras.

Creo que las razones del por qué no aceptamos con la misma convicción una historia de vampiros, de hombres lobo o de algún espectro que se niega a descansar en paz, son muchas. -Vaticinar sobre ellas sólo lograría un torpe intento que se reduciría a especulaciones-. Pero, y qué más da, si lo importante no es centrarnos en si el genero está o no en declive, pues tal suposición se centra de manera exclusiva en el comercio, y que si bien importa, y más en la honorable, pero pocas veces: rentable profesión de escritor, la clave está en escribir en lo que realmente te puedas expresar con talento.

Ahora, la realidad es diferente, en una pequeña revisión de los más vendidos de Amazon Books, es notorio el importante lugar que ocupa los libros de la literatura de terror, y es que en el primer puesto, para noviembre de 2019, se ubica una obra de suspenso y terror: The Night Fire, de Michael Connelly, quien no cabalga en solitario, pues el siempre bien calificado Steven King, le sigue muy de cerca, en el octavo lugar, con su obra: The Institute.

La conclusión es sencilla, y si bien el autor muchas veces se ve obligado a torcer su talento en la dirección donde más sople el viento, lo cierto es que esa vela pocas veces lo impulsara con fuerza, pues su espíritu, le reclamará con pasión, encausar su barco a aguas más bienaventuradas.

Las técnicas para elegir el título perfecto dependerán del tipo de libro creado. No es lo mismo un libro que haya derivado de una investigación, a una novela que no está atada a las reglas de la academia, -aunque en general los pasos son similares-.

El título es la ventana del libro. Es ese primer vinculo que ata al transeúnte desprevenido, generando esa romántica primera impresión.

Así entonces, si en lo que trabajamos es en un libro de investigación, debemos saber que debe primar sobre todo, la claridad por sobre el estilo, esto es ser directo. Las reglas usuales de los centros educativos, de pensamiento, de investigación y de publicación, exigen un texto de no más de 16 palabras. Lo aconsejable, es que tomemos el objeto de la investigación (objetivo general), y lo adecuemos de tal manera que nos resulte un título, eso sí, busquemos que además sea atractivo para el lector. Si la investigación deriva en un libro, lo usual es que utilicemos un título y un sub-título, el primero debe ser atractivo para el público, llamativo; mientras el sub-título, en definitiva debe ser construido de acuerdo a las reglas de investigación expuestas.

Entonces, ¿y cómo hacemos para que sea tan llamativo nuestro título? En definitiva no existe una técnica definitiva, lo importante es tratar y tratar.

Iniciemos con una lista, preguntémosle a nuestros amigos, usemos las herramientas de encuestas diseñadas por las plataformas web y redes sociales, y sobre todo, tengamos paciencia. No hay mejor forma de avalar un producto literario, que cerrar las notas, esperar un par de días o semanas (o hasta meses), y luego, ya con nuestra mente fresca, leer de nuevo nuestra producción.

Finalmente, lo importante, es sentarse a escribir.